Christina Rosenvinge: “Estamos perdiendo el poder sensorial de la música”

Rosenvinge

Una entrevista con Christina Rosenvinge sale de sus propios cánones. Su vitalidad e inteligencia explican algunos porqués: “conservo el entusiasmo por la música y aún tengo muchas cosas que ofrecer”. El resto de esos porqués estarán en los conciertos que ofrece hoy en la coruñesa sala Le Club a las 22:00 horas y mañana en el Café Pop Torgal de Ourense, dentro del programa SON Estrella Galicia.

Su último disco La joven Dolores se trata una edición cuidada, un libro de diseño elegante. Es de las pocas intérpretes que se dieron cuenta de que hay que ofrecerle un plus al producto: hasta en sus conciertos escoge los sonidos de preludio.
Toda esta historia surgió en un concierto en una sala en la que estaban poniendo una música que deshacía los oídos. Grabamos en un momento algo de lo que me gustaba y ahora siempre ponemos el mismo cedé en la gira. Soy cuidadosa con lo que hago, con cómo se hace y con cómo envolverlo. Se trata de algo muy preciosista, tuve la suerte de que la discográfica me permitió plena libertad y optar por un diseño más arriesgado. Supongo que después ese plus depende de lo que uno vaya improvisando, de las facilidades de las que disponga… Si no pudiese hacerlo como hasta ahora, me encargaría yo misma por internet. Son todo circunstancias.

Precisamente gran parte de su discografía se encuentra en Spotify…
Tengo una dupla visión: es un invento que me gusta como usuaria, de hecho tengo una suscripción, pero como profesional de la música no sé hasta qué punto es beneficioso.

Probablemente esta entrevista sea más leída por internet que en papel, ¿ha percibido el poder del twitter y las redes sociales?
No me atraen demasiado, lo mejor que yo tengo está en mis canciones, el twitter y las redes sociales se tratan de un culto a la personalidad pernicioso, nadie necesita saber qué estás haciendo; lo considero grandes dosis de narcisismo.

De lo digital a lo analógico: editó en vinilo La joven Dolores. Es una apuesta valiente recuperar la grabación y el sonido analógico en pleno auge del mp3 y de la música en streaming comprimida.
Otro de los grandes problemas de la industria musical es que se está escuchando en baja calidad, en malas condiciones con auriculares que comen frecuencias, y ya no se graba con los métodos buenos de los setenta. Lo digital perfecciona, pero deshumaniza. Estamos perdiendo el poder sensorial de la música, tiene un gran uso terapéutico que debería recuperarse desde la base, con un buen equipo de alta fidelidad con el que disfrutar un disco entero.

“En la curva del labio superior de la persona a la que amas está escrito tu destino”. Explicó con este verso una de las canciones de su anterior disco: Tu labio superior. ¿Pensó en publicar un poemario?
Sí, lo pensé pero está en algún lado como una de tantas ideas. Lo cierto es que de todo lo que escribo acabo fusilando y recortando para que formen parte de las letras de mis canciones, así que poco queda de esa selección, pero es una idea que tengo. No soy cantante ni artista -un término que suena algo folclórico, ¿no?-. Soy cantautora, hay que reivindicar este concepto, alguien que cuida desde el principio hasta el final el trabajo musical que elabora.

Y así como importa la lírica, ¿también importa el idioma?
El idioma manda mucho en mi creación. En inglés soy más libre, el español es mi idioma natural, en el que mejor me desenvuelvo. Después de mi etapa en inglés me reencuentro con las expresiones, con el sentido del humor de la lengua, que tienen sus motivos, sus requiebros… Implican formas de expresarse muy distintas, así como por ejemplo el inglés tiene un ingenio muy especial, en español la misma oración puede tener múltiples significados.


Artigo publicado en galego o 25 de marzo de 2011 en Xornal de Galicia, edicións impresa (PDF aquí) e dixital.

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